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Rosario del papa 30 Mayo 2020

PORTADA ANGEL DE LA GUARDA

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miércoles, 17 de abril de 2019

LA CENA DEL SEÑOR


La Última Cena
Juan 13:1–35

1  Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

2  Y acabada la cena, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas hijo de Simón Iscariote que le entregase,

3  sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba,

4  se levantó de la cena, y se quitó su manto y, tomando una toalla, se la ciñó.

5  Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.

6  Entonces llegó a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies?

7  Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora; pero lo entenderás después.

8  Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Le respondió Jesús: Si no te lavo, no tendrás parte conmigo.

9  Le dijo Simón Pedro: Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza.

10  Jesús le dijo: El que está lavado no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

11  Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.

12  Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a sentarse a la mesa y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho?

13  Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y decís bien, porque lo soy.

14  Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.

15  Porque ejemplo os he dado, para que así como yo os he hecho, vosotros también hagáis.

16  De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió.

17  Si sabéis estas cosas, bienaventurados sois si las hacéis.

18  No hablo de todos vosotros; yo sé a quiénes he elegido; pero para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo levantó contra mí su calcañar.

19  Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy.

20  De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo envío, a mí me recibe; y el que a mí me recibe, recibe al que me envió.

21  Cuando hubo dicho Jesús esto, se conmovió en el espíritu, y testificó y dijo: De cierto, de cierto os digo que uno de vosotros me va a entregar.

22  Entonces los discípulos se miraron unos a otros, sin saber de quién hablaba.

23  Y uno de sus discípulos, a quien Jesús amaba, estaba reclinado en el pecho de Jesús.

24  A este, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba.

25  Él entonces, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es?

26  Respondió Jesús: Es aquel a quien yo le dé el pan mojado. Y mojando el pan, se lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón.

27  Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo pronto.

28  Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo eso.

29  Porque unos pensaban que, como Judas tenía la bolsa, Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres.

30  Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, salió enseguida; y era ya de noche.

31  Entonces, cuando él salió, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él.

32  Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y enseguida le glorificará.

33  Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis, pero, como dije a los judíos: A donde yo voy, vosotros no podéis ir; así os digo a vosotros ahora.

34  Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis los unos a los otros.

35  En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros.

Ver Juan 13


lunes, 15 de abril de 2019

ORACIÓN EN MIÉRCOLES SANTO

Miércoles Santo. Oraciones para Semana Santa

  
Por la mañana
¿Por qué puerta puedo entrar para abrazarte, Dios? Por la que está elevada sobre la tierra y tiene forma de cruz; por la puerta de un costado abierto, rasgado por la lanza. El que así está convertido en puerta absoluta, con su cuerpo desgarrado, nos atrae hacia ti. Buscó la paz para nosotros. Quitó la raíz amarga que nos hacía tanto daño: la muerte. Nos puso en el plato de cada día otra comida: la de los hijos ya reconciliados y reunidos en su fiesta, para escuchar la voz de quien nos convocaba. Dios nos tuvo desde siempre inscritos en el registro de su mismo fuego y quiso siempre hacernos partícipes de la plenitud de su amor. Porque nunca habrá amor más grande que el de dar la vida por aquellos a quienes se ama.
Estoy invitado a hacer lo mismo: invitado a amar como he sido amado; invitado a dar mi vida por los hermanos. Cristo mío, tú no te resistes ni te echas atrás a la hora de cumplir esta misión de amarnos hasta el extremo. Ofreciste tu cuerpo todo a quienes quisieron destrozarlo. No te tapaste el rostro para evitar los ultrajes que te hicieron. El Señor era tu ayuda; sabías con certeza que, con Él a tu favor, no quedarías defraudado. Tu sangre, que corrió abundante acusando, pero a la vez fecundando la tierra, purifica nuestra conciencia de las obras de la muerte y nos prepara para presentarnos al Dios vivo.
Todo esto ya lo sé. Y cada día, a través de esta oración reiterativa, lo recuerdo y lo hago presente y deseo asimilarlo. Pero no tengo que inventar cosas nuevas para hablar contigo o para comunicar a mis hermanos, intentando quizás más que orar de verdad lucirme ante los demás con este ejercicio diario, pero vanidoso, de las entregas que les hago. Lo has dicho todo ya con tu propia vida; sólo tenemos que mirar y querer repetir con la nuestra aquello que Tú fuiste para todos. Debe ser una opción mía, de cada uno, en libertad completa elegir ser imitador de Dios y vivir como El en el amor. Quiero vestirme con tus sentimientos, para que a fuerza de repetir y repetir, de recordar y recordar, lo que Tú eres vaya insensiblemente acabando con lo que yo soy antes de llegar a la fe y conocerte. Y a fuerza de querer que me vivas, llegue el momento de que ya no sea yo quien vive, sino Tú en mí, mi Cristo. Que como Pablo, pueda yo repetir que para mí la vida es Cristo, y una ganancia morir.
Por la noche
Mis manos están extendidas hacia ti, Dios de todos y más si cabe de los humildes, como ofrenda agradecida. Porque cuando repaso la historia de mi vida, descubro que sigues siendo el que acoge a cualquier hora, al no saber nunca rechazar a quien a ti llega. Eres misericordia que no se agota, el Dios que nunca olvida su bondad y mantiene su promesa para siempre. La cólera no te pertenece; es algo exclusivamente nuestro. Entrañas de misericordia es lo que eres. Hoy sigues realizando proezas, portentos, hazañas de amor incalculables. Me atas a ti con lazos de bondad; me eliges como amigo y confidente. Por la sangre de tu Hijo, me haces entrar a una dulce intimidad contigo. Comunicas a mis ojos la luz y la alegría que Tú mismo eres. Mis manos extendidas expresan todo eso: ¿qué dios es grande como nuestro Dios?
Tu poder es el perdón; por eso te sobran todos los ejércitos, policías o tribunales constitucionales. Tu brazo nos rescata con la vida, jamás con la fuerza de la violencia, algo también exclusivamente nuestro. Sólo en ti descanso y tengo paz; sólo de ti viene mi salvación; sólo Tú eres la roca de mi esperanza. Déjame, Señor, estremecerme ante lo que eres. Permíteme, a pesar de los nubarrones que ensombrecen mi vida, permíteme arrodillarme y desahogar en ti mi corazón. Pueda adorarte y acogerte para que me des la vida, y sepa agradecerte con toda el alma el que hayas hecho a Cristo para mí, para nosotros, para todos sabiduría, justicia, santificación y redención. Y que por Él, por su sangre, hayamos recibido el perdón de los pecados. Por Él nos has reconciliado, y has hecho la paz por la sangre de su cruz.

ORACIÓN PARA EL MARTES SANTO



Martes Santo. Oraciones para Semana Santa

Por la mañana

Que pueda quitarme de encima lo que me estorba y el pecado que me ata, para correr en la carrera que me toca, sin rendirme, sin abandonar, fijos los ojos en ti, Jesús que ya has corrido, y que inicias y completas nuestra fe. 

Tú mismo, renunciando al gozo inmediato que siempre el mundo ofrece, soportaste con entereza la cruz, sin importante la ignominia y el desprecio de los importantes. 

Que no me canse yo ni pierda el ánimo; todavía no he llegado a la sangre en mi pelea contra el pecado. 

Acepto con gusto la corrección que me viene de ti, Padre Dios, aunque me duela, porque lo único que pretendes regalarme, como fruto de mi conversión, es una vida resucitada, semejante a la de tu Hijo. Fortalece, Señor, mis manos débiles y haz fuertes mis rodillas vacilantes, para que camine seguro por tu senda.

Quiero imitarte, Jesucristo, para poder llegar y vivir en la familiaridad con Dios, tu Padre y nuestro Padre. Corta con mi vida anterior, radicalmente, para que sea posible en mi el comienzo de una vida nueva. 

Ayúdame a poner entre lo anterior y lo que viene una muerte necesaria. Que las aguas del bautismo, en las que Tú mismo quieres bautizarte: las aguas de tu sangre, sepulten mi cuerpo de pecado y despojen mi vida de los bajos instintos y de todas las obras de la carne; para emerger después -como Tú- de esas mismas aguas como si me levantara de la muerte, lavado y purificado, resucitado, convertido en espiga de mil granos.


Por la noche

Nos has comprado, Señor, con tu sangre, de toda raza, lengua, pueblo y nación: Conduce a tu Iglesia, que es tu pueblo nuevo, conduce a la humanidad entera a esa Pascua tuya de la vida. Atravesado por la lanza de un anónimo soldado, sabes ahora, supiste siempre sanar nuestras heridas. 

Y si para hacernos saber que Tú sí perdonabas, te dejaste clavar en una cruz, perdona otra vez a aquella adúltera, rota, sola, despreciada pero arrepentida; perdona de nuevo a aquel publicano del templo de ojos casi en la tierra, suplicando; perdona otra vez a aquel Zaqueo, tan bajito él pero que tanto había robado; perdona otra vez al ladrón que muere a tu costado; perdona a los que durante tu agonía se burlaron de ti y blasfemaron... 

Perdónalos, porque de todos ellos hay mucho en cada uno de nosotros. Y si les perdonaste a ellos, fue para decirnos que también a nosotros quieres perdonarnos.

ORACIÓN PARA EL LUNES SANTO



ORACIÓN PARA EL LUNES SANTO



Por la mañana

Tienes entrada libre, Jesús, a este camino nuevo de tu sangre. Puedes hacerlo o retirarte. Pero ha llegado el momento de la decisión, la última etapa del camino. Hemos pasado largos ratos contigo, llenos de aventuras, sorpresas y transformaciones. 

Y yo sé que estoy en la víspera de ser testigo de la sorpresa más grande: tu paso decidido hacia el ocaso de tu carne, para alumbrar desde la humillación de tu muerte el día de la luz definitiva. 

No vas a echarte atrás; no desertarás ni rechazarás esta HORA definitiva, aunque sabes que te van a pisotear hasta matarte. Y porque mueres nos das tu vida a los que, por nuestra condición de mortales, no teníamos posibilidad de vivir. 

"Sabiendo Jesús que había llegado su hora, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo ". Como decía san Pablo, Dios nos libre de gloriarnos si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Tu cruz adoramos, Señor, y veneramos tu pasión gloriosa. Ten piedad de nosotros, tú que has muerto por nosotros.

Por la noche

En aquellos días primeros, recién iluminados, los cristianos, los discípulos de Jesús soportaban combates y sufrimientos; se exponían públicamente a insultos y tormentos, o se hacían solidarios de los que así eran tratados. 

Compartían el sufrimiento de los encarcelados, aceptaban con alegría que les confiscaran los bienes, convencidos que tenían bienes mejores y permanentes. Hoy quizás, ¡seguro!, nos falta constancia para cumplir la voluntad de Dios. 

No vivimos tan intensamente de fe; nos acobardamos con frecuencia. Que el Señor nos conceda esa fe que nos haga gente decidida, que nunca se echa atrás (cf. Hb 10,35-39). 

Que realmente seamos valientes hasta la sangre, para cumplir tu voluntad, Padre Dios. Levanta nuestra débil esperanza; y con la fuerza de la pasión de tu Hijo protege nuestra fragilidad, fragilidad de humanos pequeñitos y cobardes.



BIENAVENTURANZAS PARA SEMANA SANTA


Bienaventuranzas para Semana Santa


Bienaventuranzas del Jueves Santo

Felices para quienes el Amor es el mayor tesoro, que da el sentido definitivo a su vida.

Felices quienes disfrutan haciendo felices a los demás.Felices quienes ponen el amor en práctica, sirviendo a los demás, siempre, sin tiempo, sin condiciones.
Felices quienes descubren que la Eucaristía es un misterio transparente de fraternidad, de vida, de comunicación y de Presencia.

Felices quienes descubren que lo principal no es presidir, ni guiar, ni preservar su verdad, sino acompañar, comprometerse, descubrir la buena noticia junto a los humillados de la historia.

Felices para quienes es tan importante el pan de cada día, como el pan eucarístico, para que los más humildes tengan vida abundante.

Felices quienes descubren sus ministerios, su verdadera vocación en el camino de su existencia junto a los otros.

Felices quienes sienten que deben celebrar, como Jesús, la vida y la amistad, el recuerdo y el futuro, el dolor y la confianza en la cercanía del Reino.


Bienaventuranzas del Viernes Santo

Felices quienes ven en Jesús crucificado un ejemplo, una pasión, un compromiso, un desafío.

Felices quienes en la cruz descubren un camino, una búsqueda, un encuentro.

Felices quienes saben que el sacrificio personal es el sendero ineludible hacia la plenitud de su existencia.

Felices quienes han sido deslumbrados por la vida de Jesús y han decidido seguirle, cueste lo que cueste.

Felices quienes ayudan a quienes caen, quienes no les preguntan y les ayudan a levantarse.

Felices quienes acarician y secan el sudor y el dolor de los demás en el camino de su existencia.

Felices a quienes se les quedan marcadas en sus corazones las llagas, los rostros, las palabras, las estrellas de los crucificados. 

Felices quienes denuncian las cruces de los demás, les ayudan a cargarlas cuando son inevitables y les ayudan a liberarse de la inhumanidad que conllevan.  


Bienaventuranzas del Sábado Santo

Felices quienes no aspiran a ver, ni a creer, sino que acompañan, humildemente, con mucho amor.

Felices quienes llevan ungüentos, aromas, vendas y esperanzas a quienes esperan en sus tumbas diarias una nueva vida.

Felices quienes se asombran ante la luz, de un momento feliz, frente a un cielo azul.

Felices quienes no reconocen al Crucificado, pues se les mostrará diferente, alegre y Resucitado.

Felices quienes se sienten llamados a subir a Galilea, al mundo de los que son silenciados en vida.

Felices quienes avivan su esperanza tocando las llagas del Resucitado, aunque antes hayan experimentado el silencio, la incredulidad, la noche oscura de la confianza y la fe.

Felices quienes ahuyentan las tinieblas, quienes se apresuran para que surja la aurora, quienes salen de noche y llegan a la madurez del día.

Felices quienes contemplan el mar, las montañas, el cielo y se encaminan, a la vez, a la construcción feliz, humilde, gozosa del Reino.

Bienaventuranzas del Domingo de Resurrección

Felices quienes preguntan dónde, cuándo, en dónde: ellos y ellas encontrarán al final la respuesta que anhelan.

Felices quienes buscando dónde está Dios, encuentran a una mujer maltratada, un enfermo, un marginado…

Felices quienes se lanzan a pregonar que han visto una luz, una esperanza, alguien que ha resucitado a una vida nueva.

Felices quienes corren a los sepulcros del mundo, quienes encuentran las vendas caídas, quienes dudan pero siguen confiando.

Felices quienes entienden las reivindicaciones de las mujeres, quienes saben que tienen que cambiar los esquemas mentales patriarcales y machistas.

Felices quienes creen a María, a Pedro, a Juan: cada uno de ellos/as despiertan y nos abren a una existencia renovada.

Felices quienes sienten el domingo de Resurrección como un día feliz, único, especial, inicial, para compartir con la comunidad, para acercarse a los demás.

Felices quienes se asombran, quienes descubren que con la resurrección de Jesús ha llegado el día, su día único y definitivo.

 Recogidas de mi libro "Bienaventuranzas de la vida" (PPC)